• Marcos Heredia

Buenos días, por favor, gracias

Actualizado: 3 de dic de 2020

Sin ánimos de incomodar a nadie en concreto, pero necesito explayarme un poco. Me explico, de un tiempo a esta parte vengo constando que nuestra sociedad está perdiendo los modales. Y no hablo sólo de las generaciones más jóvenes sino de las personas en general. Sea la edad que sea, de cualquier condición, sin entrar en segmentaciones.


Así es, llevo tiempo observando atentamente el comportamiento de los desconocidos a pie de calle, en los establecimientos, en organismos públicos, en centros comerciales, en ascensores y sobretodo en departamentos de atención al cliente (quizás el caso más lamentable).


Me considero un voayeur social, lo reconozco. Atento siempre a la interacción entre las personas, sus expresiones, los gestos, la comunicación no verbal, su forma de ser y actuar. Está claro que cada cual tiene sus manías, realidad que acepto y respeto, pero sigo observando una falta de educación generalizada, latente, no hablo de gestos de cortesía ni detallitos en concreto… hablo del nivel más básico: El buenos días, el por favor, y el gracias.


Estoy convencido que si prestáis la suficiente atención también lo percibiréis. Y es que, en mi opinión, con el paso de los años la cosa va a peor. Desde mi tierna infancia me enseñaron a tratar a la gente con respeto, a hablar de usted a la gente mayor, a mirar a las personas a los ojos en las interlocuciones y a interactuar con una sonrisa. Todo esto es gratis. Me considero afortunado de haber recibido una educación por parte de mis padres y maestros. Algo que debería ser elemental en cualquier ser humano, pero lamentablemente no suele ser así, hablo de empatía, así en general.


Y yo me pregunto... ¿Tanto nos cuesta cambiar el chip? ¿Cuáles serán nuestros motivos? ¿Será por la crisis? ¿Vivimos en una desidia generalizada? ¿No sabremos gestionar nuestras emociones? ¿Acaso nos afecta un desencanto colectivo que compartimos en nuestros ámbitos sociales?




Quizás es que estoy más sensible por estas fechas navideñas. Quizás echo a faltar sonrisas entre personas, entusiasmo en la gente y positividad en las miradas. últimamente suelo cruzarme con caras largas: ese dependiente triste y gris, ese funcionario malhumorado, esas miradas perdidas, esas faltas de energía, no sé… la mala leche, vamos.


Por si fuera poco la tecnología está sembrando su parte. Auténticos devotos del smartphone, robots humanos que viven por y para el dichoso Me Gusta de turno, buscando seguidores, los selfies a todas horas, y todo ello en detrimento de la reconfortante comunicación interpersonal. Considero que nos falta más de eso. Observad por ejemplo el interior de un vagón de metro y ahí están los zombies digitales, absorbidos por sus pantallas, y lo pero de todo es que son legión. A modo de ejemplo gráfico, seguimos manteniendo los móviles sobre la mesa durante las comidas (atentos al próximo mensajito de Whatsapp), la foto "espontánea" en todas y cada una de las celebraciones, el "A ver si quedamos un día" y (casi nunca) "tenemos tiempo", etc. ¡Ah! y por no hablar de todo el stress que nos generan las actualizaciones de estados en las redes sociales a todas horas del día (incluso de la noche). Parece que tenemos que molar y mostrar siempre cuanto molamos... Pero hay niveles y niveles, señores.




Y pienso que quizás se nos está yendo de las manos. Conste que no critico el buen uso de la tecnología “para facilitarnos la vida”, sólo pretendo reflexionar acerca de nuestro orden de prioridades “Máquina vs. Persona”, el saber estar presente cuando es debido.


Yo lo tengo clarísimo, llamadme transgresor pero me niego a doblegarme ante el uso improductivo de la tecnología, porque considero que se creó precisamente para facilitarnos la vida y no para convertirnos en sus esclavos. Se acerca el 2015 y yo ya he decidido uno de mis objetivos para el nuevo año…


¡Felices Fiestas a todos/as!

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